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lunes, 3 de agosto de 2015

“TE MATARON FEDERICO”





“Mi pequeño homenaje para el más grande...
basado en parte de su obra”.

Te mataron Federico, pero no moriste...
permaneces vivo en las hojas de la historia,
te hicieron inmortal en la memoria.

I
La balada de un día de julio
desangró como una fuente,
iba cubierta de nostalgias y laureles.
El agua tranquila de la canción añeja
se fue lejos de la plazuela
en busca de magos y de princesas.

La sombra de tu alma huye
Por ocasos de alfabetos,
te mataron Federico,
pero estás en la memoria,
lo dicen tus versos
y el ruiseñor y la alondra.
Baladas y más baladas cantadas en un papel
quedaron ya de por vida,
bajo una noche negra,
caliente, caliente,
como el agua de la fuente.

El cante hondo en tus dedos
entre naranjos y olivos quedó dormido
en el agua de los tres ríos,
amor que se fue en el aire,
amor que se fue y no vino.
Guitarras por seguiriyas,
soleares en tierras secas
y tu “Ay” quedó grabado
sobre el grito del viento,
quedó en el campo llorando.
No te mueras Federico,
que tus huesos no se mojen
bajo la tierra baldía,
que la Amparo está sola en tu casa
con su vestidito blanco,
que los cipreses bordan letras
sobre el cañamazo,
y la muerte se lamenta
y tu guitarra se entierra
contigo bajo la arena,
cuando tú te mueras.

II
Ay, Federico García el Lorca de las adelfas,
cuando la muerte te acecha
en el fusil de un cantar
y mueren de pena siete doncellas
que el río trae pero nadie puede verlas.
Tres arboles cortó el hacha
al amanecer el día, pero no eran tres,
ni eran dos, ni tan siquiera era uno,
era ninguno y se quedó desnuda el agua.
Federico no te mueras
que el lagarto está llorando,
el lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos,
mira que ya son muy viejos,
que viejos son los lagartos.

Hay tantos y tantos versos
que de tus manos salieron
que hasta el romancero llora
al ver tu cuerpo en el suelo.
Ay, Federico García,
que prendieron al Camborio,
cuando se acercó a Sevilla
y a la mitad del camino
cortó limones redondos
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
Los ángeles negros traen
pañuelos y agua de nieve
que sofoquen tu dolor,
Federico, que te mueres,
tu cuerpo lleno de lirios
y una bala entre las sienes.
III
Qué llanto a Sánchez Mejías
y a su sangre derramada,
yo no quiero ver la tuya,
poeta de mis entrañas.
Su luna de pergamino
Preciosa toca en sus manos,
ya no siente tu latir,
Federico te mataron.
Yo no quiero ser poeta
si te matan Federico,
ay, mis camisas de hilo,
ay, mis muslos de amapola,
ay, pena de cauce oculto
y madrugada remota,
que mis ojos ya se empañan
y mis enaguas se cuajan.

Señores guardias civiles,
no me matéis al maestro
que hasta el verde de las ramas
se vuelve negro azabache
bajo la luna gitana.

Ya te me vas Federico,
ya te me mueres poeta,
el más grande de tu tiempo
y de todos los que vengan.
Que te has muerto para siempre,
que te han matao como a un perro
y a la orilla de la luna,
hoy ya reposan tus huesos.

© Rafi Guerra 
Derechos registrados de autor.