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jueves, 27 de agosto de 2015

“EN EL RELOJ DE LA POESÍA CABEN TODOS LOS SEGUNDOS DE TU TIEMPO”



Pintura, Vicente Romero
 

Un poema viajero en los labios,
que cruza en el silbido melodioso
de la caída del estío de los canarios salvajes.
Camino de puntillas, me permito soñar
en un frasco de sales, en las burbujas
de un arroyo o en las farolas que encienden
lentamente entre los pliegues de tu carne
y los castaños doraros de un bosque.

El caballero sin sombra se arrodilla
ante las palomas mensajeras de tus besos,
que entran por las ventanas abiertas
del mirar de tus pasos.
Silencios quietos. 
El músico enredado
en las cuerdas de su instrumento
se desliza por las lámparas de rocío,
deshace los nudos del amor y del viento
que sopla en dirección transparente,
como las palmas de las manos blancas,
como el mármol cálido del latido
de unas pestañas.

La espesa niebla que sube de la tierra,
abre los labios y besa la rama del árbol
del coral rojo de la sien de tu cabeza,
el metal florece en el cabello de fuego
de la noche negra transformando
en cristal azul las piedras
de los veinte dedos de tus manos
agarrando por el talle al reloj de arena
enganchado al tac de la melodía de tus labios,
con dientes de huellas, con lengua de ámbar,
un grillo canta, me guiña la inteligencia.

La escalera ramifica cada peldaño de tu aliento,
la flor blanca brota del pozo de los espejos,
la mujer de nalgas de primavera
y sexo de lirio rojo, espera.
Las fuentes no dicen nada
y el agua quedó sin voz
en su primer cuarto creciente.

¿No me reconoces...?
soy la misma que salta la cuerda
y en caída libre, despierta.

Las gargantas oscurecidas 
en el ocaso de un sol
entre dos montañas, 
no hablan.

© Rafi Guerra
Derechos registrados de autor